SITUACIÓN GENERAL
SE VIVE EL 01 DE OCTUBRE DEL 2026
1. SITUACIÓN MUNDIAL
Al iniciarse el último trimestre del 2026, el sistema internacional atraviesa un periodo de creciente competencia estratégica, caracterizado por conflictos armados, tensiones comerciales, transformaciones tecnológicas y cuestionamientos al funcionamiento de los organismos multilaterales. La rivalidad entre Estados Unidos y China se proyecta hacia distintas regiones mediante inversiones, acuerdos de seguridad, infraestructura, tecnologías críticas y acceso a recursos estratégicos.
Los conflictos en Europa y Medio Oriente continúan afectando la seguridad energética, las rutas marítimas y las cadenas internacionales de suministro. Paralelamente, el empleo de inteligencia artificial, sistemas no tripulados, operaciones cibernéticas y campañas de desinformación amplía las posibilidades de actuación de Estados y actores no estatales. Este escenario obliga a examinar si el sistema internacional se dirige hacia una nueva estructura de poder o hacia una fragmentación prolongada.
2. SITUACIÓN REGIONAL (América Latina y el Caribe).
La zona en cuestión mantiene una baja probabilidad de conflicto interestatal abierto; sin embargo, experimentan cambios políticos, económicos y estratégicos relevantes. Los procesos electorales de 2025 y 2026 modificaron la orientación de diversos gobiernos, generando aproximaciones diferentes respecto de la seguridad, las migraciones, el crimen organizado, la integración regional y las relaciones con las grandes potencias.
La competencia entre Estados Unidos y China se manifiesta en puertos, telecomunicaciones, infraestructura, minerales críticos, energía y comercio. Algunos gobiernos han estrechado su cooperación con Washington, mientras otros buscan preservar su autonomía estratégica o profundizar sus relaciones con Beijing. Estas posiciones influyen en el comportamiento de los organismos regionales y dificultan la construcción de respuestas comunes.
Al mismo tiempo, Argentina ha iniciado la recuperación de sus capacidades aéreas mediante la incorporación de aviones F-16; Perú desarrolla un proceso de modernización de sus sistemas de defensa; y Brasil mantiene programas navales, aeroespaciales y tecnológicos de alcance estratégico. Aunque estos procesos no implican necesariamente intenciones hostiles, pueden modificar las capacidades relativas, las percepciones de seguridad y el balance estratégico sudamericano.
A lo anterior se agregan el crimen organizado transnacional, las migraciones irregulares, la fragilidad de Haití, la situación venezolana, los desastres naturales y la presión sobre recursos estratégicos. La convergencia de estos fenómenos plantea interrogantes respecto de la capacidad regional para prevenir crisis, generar mecanismos de confianza y desarrollar operaciones de cooperación internacional.

